3.2.16

Una nueva era: sacrificio, libertad, ascenso

Me siento enormemente gozosa de veros a todos aquí. No sé qué decir. Las palabras se quedan cortas, pierden su significado. Tantos de vosotros aspirando a ascender a ese estado en el que tendréis completo gozo, dicha y paz. Esto es lo que yo podría daros, y una madre solo se siente feliz cuando da a sus hijos todo lo que ella tiene. Toda su infelicidad e intranquilidad son solo para conseguir esta meta: otorgar todo lo que ella tiene. No sé cómo agradeceros el que hayáis pasado por todo esto, para obtener este tesoro que está en vuestro interior.
“Sahaja” fue la única palabra en la que pude pensar, cuando comencé a manifestar la apertura del Sahasrara. Esto lo entendéis todos muy fácilmente. Pero también os habéis dado cuenta de que hoy día este es un estilo de yoga diferente donde, primero se os concede la iluminación y después se os permite cuidar de vosotros mismos. Nunca anteriormente fue de este modo, es solamente una iniciativa de vuestra Madre y ha funcionado.
Por supuesto, antiguamente, la preocupación del Divino era iluminar a la gente pero no sabía cómo hacerlo. Ninguna encarnación intentó nunca hacerlo de este modo. Siempre que lo intentaron trataron de hacerlo a través de grandes privaciones y penitencias para los buscadores. No sé cuántos de vosotros habéis leído el tratado de Buda. Él solía viajar con miles de sus discípulos, sin darles la Realización. No eran almas realizadas ni sentían ningún gozo. Solo tenían dos prendas de vestir y vivían en la selva únicamente con esas dos prendas. La zona que Él visitó -y que yo misma he visto- es terriblemente fría, absolutamente fría; las ropas no eran en realidad tales, eran simplemente unos paños que cubrían sus cuerpos. Dormían a la intemperie en pleno invierno o en verano. Se les pedía que caminaran sin zapatos grandes distancias. Si fueseis a ver por donde pisó y caminó Buda os sorprenderíais.
Buda era joven y acostumbraba a caminar, pero sus discípulos caminaban mucho más porque Él solía asentarse en algún lugar y enviaba a sus discípulos ya que, entonces, no había otro modo de anunciar nada. Él se quedaba en algún lugar y los discípulos iban a los pueblos a pedir “bhiksha”, que significa limosna, para conseguir algo de comida. Cocinaban una sola vez, le daban una parte a Buda y el resto se lo comían ellos. Iban a los pueblos a reunir a toda la gente que podían y la llevaban hasta Buda para el sermón. Hacían grandes sacrificios. Vivían en cabañas o en cuevas -en una terrible obscuridad- meditando. Pero nunca obtuvieron la Realización, muy pocos la consiguieron. Eran hijos de grandes príncipes y princesas, duques, duquesas -como vosotros decís. Gente muy rica. Mujeres de familias muy ricas le seguían. Caminaban con Él grandes distancias, sobre caminos espinosos, porque sentían que el trabajo de Buda era de una gran importancia universal. Sentían que eran parte de una tarea tremenda y que debían participar en este gran trabajo para la humanidad.
Esto no solo ocurrió en India, también con Viditama que comenzó el sistema Zen en Japón. En China, me sorprendió la cantidad de sacrificios que hicieron los santos y el modo en que vivían. Quiero decir que -si veis el modo y las condiciones en que vivían- es inimaginable. Y vivieron así toda su vida, haciendo funcionar todo y sin ninguna guía apropiada, ya que Buda había muerto y no tenían otro medio. Tuvieron que encontrar su propio camino. De este modo descubrieron Mahayan, Shvetayan, y todas estas cosas.
Esto también ocurrió con otros buscadores en otras religiones, como en el tiempo en que vivió Cristo. ¿Dónde vivieron? Y después de la muerte de Cristo fue aún peor porque les perseguían, les mataban, les torturaban y les crucificaban. Lo mismo sucedió con Moisés. Sus discípulos fueron perseguidos y tuvieron que emigrar a India. Imaginad las distancias desde esa zona hasta Kashmir. Cuánto deben haber caminado, cómo deben haber vivido, cómo pudieron conseguirlo. Y vinieron a India miles de ellos porque se dieron cuenta de que estaban haciendo una gran tarea, que estaban apoyando algo grandioso.
En este país tuvimos la lucha por la libertad. Yo formé parte de ello. Mis padres también participaron. Éramos gente rica, yo diría que bastante rica, de todos los niveles. Os sorprenderá saber que mi padre quemó todos sus trajes, que habían sido confeccionados en Inglaterra. Mi madre quemó todos sus saris. Solían tejer sus propias ropas y eso es lo que vestían. Mi padre sacrificó todo, hasta el último penique, en la lucha por la libertad. No dejó nada para nosotros, ni un solo… Aunque por supuesto debo decir que, siendo nuestra familia rica, teníamos plata y oro y todo esto. Pero todo el dinero en metálico fue gastado. Y toda la plata y el oro nos lo quitaron los ingleses y nos lo devolvieron cuando se marcharon. Gracias a eso nos quedó algo de plata y oro en la familia.
Todas nuestras posesiones materiales fueron robadas. Vivíamos en casas muy bonitas y tuvimos que mudarnos a chozas. Nos sacrificamos al máximo. Y nos sentíamos muy felices con ello, muy orgullosos. Solo teníamos dos mudas; lavábamos nuestras ropas, vivíamos como gente muy pobre durmiendo sobre esterillas como estas. Recuerdo que nunca usé almohada. Durante décadas no usé sandalias. Solo tuve un jersey de buena calidad y hasta que pasé a la universidad de medicina, siempre tuve ese jersey conmigo. Solo tuve un abrigo durante toda mi educación. Cuando fui a Lahore -que es un lugar muy frío, a veces puede ser igual que Londres- estaba gastado y roto. Pero nunca nos quejamos ni nos enfadamos, nunca dije: “Nuestro padre debería haber cuidado mejor de nosotros. ¿Por qué ha sacrificado todo por la nación?” ¡Nunca, nunca, nunca! E incluso hoy día, cuando nos ven en cualquier parte, todos saben que somos los hijos de un gran hombre. Tienen un tremendo respeto por nosotros.
Esta cualidad fue creada por Mahatma Gandhi. Él cambió a todo el mundo a una nueva personalidad capaz de tremendos sacrificios. No podéis imaginaros cómo vivía la gente. Todo el dinero que teníamos, todo lo que teníamos, todas las comodidades, los medios de transporte, las casas, todo fue entregado. No solo por mi padre, sino por muchos otros también. De otro modo no podríamos haber conseguido la liberación. Para conseguir nuestra liberación este país sacrificó mucho.
Y después de aquello, nosotros estamos aquí para conseguir nuestra liberación, para conseguir la liberación de nuestro Espíritu. Para liberar a nuestro Espíritu de la avaricia, de la lujuria, de nuestro mal humor, de nuestros condicionamientos, de nuestro terrible ego y de la esclavitud del cuerpo a las comodidades. Debo decir que Gandhiji tenía un encanto especial. No sé cómo pudo conseguirlo. Era como el toque de Midas, a todo aquel que tocaba lo transformaba. Y era un hombre muy estricto, aunque muy amable conmigo y con los niños. Pero era extremadamente estricto, no toleraba ninguna tontería en absoluto.
Si estudiáis a través de la historia el modo en que esta gente se educó, no solo para la liberación o para la independencia, sino con anterioridad a eso, también para la vida espiritual, en todas partes hay un punto en común que es el sacrificio. Y la conciencia de que se está haciendo algo importante, de que se es parte de la totalidad, de algo muy grande, de un gran trabajo, de una causa muy noble. Y también había otro punto en común entre todos ellos y es que, esta noble causa, la realización de esta causa noble les hacía sacrificarse de un modo muy sahaja. A veces, incluso más que los sahaja yoguis, que han conseguido tanto en Sahaja Yoga. Han conseguido su gozo y su Espíritu. Y yo lo he visto con mis propios ojos. Gente en este país a los que podríais llamar legendarios, pero yo los he visto. Miles de personas fueron asesinadas y masacradas. Muchos niños murieron. Nadie lloró, nadie derramó lágrimas. El mero hecho de sentir que uno pertenece a una causa tan noble os da el gozo y el sentimiento de implicación.
Bordi, India. 6 de febrero de 1985.